En la entrega anterior de El último aullido del lobo, Julia no ha podido evitar sentirse nerviosa cuando apareció el nombre de Hrant Dink en la pizarra. Enseguida le vino a la mente el recuerdo de las noticias del día que asesinaron al periodista turco-armenio.

Fueron días de caos en Turquía. Recordaba perfectamente que había rumores que indicaban a Ergenekon como posible autor del hecho.


El último aullido del lobo

Capítulo 8. TERCERA ENTREGA.


Demoraron más de quince minutos en ingresar al Butler Board Room. Las medidas de seguridad eran extremas con los alumnos pero laxas con los profesores. Sin embargo nadie se quejaba y todos esperaban su turno para ser revisados exhaustivamente antes del ingreso.
Julia se quedó unos pasos atrás hablando con otro profesor y Adam se acercó hasta la fila de los alumnos. Los observó y saludó a varios de ellos. Intercambió unas palabras con Ali y luego con un hombre mayor.
—Apuren un poco el ingreso —dijo entonces ese hombre a uno de los guardias de seguridad.
Ali esperaba su turno para pasar por la máquina de rayos X, especialmente instalada para la ocasión. Pasó por el escáner con rapidez e ingresó al auditorio. Adam arqueó las cejas y se cruzó de brazos esperando que Julia terminara de hablar con aquel profesor que no le caía nada bien.
Unos minutos más tarde, ella se acercó y lo tomó del brazo. Tenía los ojos bien abiertos y los labios tensos.
—Aquel, el que ingresó hace un rato. ¿Lo conoces? ¿Quién es?
—¿Ali? —preguntó sorprendido Adam—. Está haciendo un doctorado en Ciencias Políticas. Soy su director de tesis. Es un poco extraño, introvertido, no sabría describirlo con exactitud. Pero muy inteligente.

 

—Imágenes de gente que no sabía que estaba siendo fotografiada. Entre ellos —Julia bajó la cabeza— mi padre. —Levantó la vista y observó los ojos alarmados de su amigo—. Mi padre en la Plaza Taksim y luego… mi padre golpeado, atado…

 

Adam la miró y ella estaba con la mirada perdida. Él notó que algo andaba mal.
—¿Qué sucede? ¿Lo conoces? —preguntó él.
Ella ladeó la cabeza y no respondió. Ingresaron al auditorio que estaba casi lleno y ella pensaba cómo resumirle a su amigo todo lo que le había sucedido.
—¿No te pareció extraña esa leyenda en el pizarrón? —preguntó él mientras se sentaban en las butacas.
—Rarísima, pero me estuvieron pasando cosas muy raras. Ayer vino ese muchacho a clase, Ali. Me dio un sobre y en el sobre había unas fotografías.
—¿Ali? ¿Fotografías?
—Imágenes de gente que no sabía que estaba siendo fotografiada. Entre ellos —Julia bajó la cabeza— mi padre. —Levantó la vista y observó los ojos alarmados de su amigo—. Mi padre en la Plaza Taksim y luego… mi padre golpeado, atado… —respondió Julia mirándolo a los ojos—. Y también estaba Berkant.
—¿Berkant? ¿Tu padre? —preguntó Adam sin esperar respuesta—. ¿Pero qué tipo de…? ¿De cuándo son? ¿Las reconociste?
—No, no —respondió e hizo un gesto con la cabeza mientras movía las manos con rapidez—, una fotografía era de Berkant, o alguien que se le parece mucho, pero son actuales. Y las de papá… —Julia no terminó la frase.
Adam no dijo nada. Tragó saliva con dificultad y estaba por decir alguna palabra de aliento cuando Julia siguió hablando.
—Pero eso no es todo, me entregó las fotos en un sobre papel madera, que cuando llegué a casa rompí en mil pedazos. Y entonces me di cuenta que en el dorso había escrita una frase: Operación Gladio.
Adam abrió los ojos e infló las mejillas. Soltó el aire con fuerza y Julia distinguió una sombra de preocupación en su rostro.
—Con razón tantas preguntas —infló las mejillas y soltó el aire de repente— ¿Quieres que hable con él? Esto es rarísimo…
—Sí, te agradecería que lo hicieras. O lo convenzas para que hable conmigo.
—Obviamente. Dalo por hecho. Está allí adelante, si quieres voy ya mismo y… —dijo mientras se ponía de pie.
En ese instante, un cerrado aplauso los interrumpió y Julia le tocó el brazo para que tomara asiento. El escritor Osmar Kayar, vestido con un elegante traje azul, estaba frente a ellos.

 

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El Último Aullido del Lobo (Novela)


Un Premio Nobel de la Paz es asesinado durante una conferencia por un integrante de Los Lobos Grises, organización ultranacionalista turca. El asesino deja un misterioso paquete con un manual de operaciones de la CIA. 

 

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