En la entrega anterior de El último aullido del lobo… Un cerrado aplauso interrumpe la conversación entre Julia y su amigo Adam. El escritor Osmar Kayar, vestido con un elegante traje azul, está frente a ellos. La conferencia del Premio Nobel de la Paz va a comenzar.

 


El último aullido del lobo

Capítulo 8. CUARTA ENTREGA. 


No era muy alto, pero era una de esas personas que se imponía con su presencia en cualquier lugar donde estuviera. Desde hacía más de veinte años luchaba por los derechos humanos en todo el mundo, principalmente en Turquía. En su propia tierra, para muchos círculos de poder, se había convertido en un personaje nefasto luego de que dos años atrás ganara el Premio Nobel de la Paz, lo que lo había puesto en el ojo de la opinión pública desde entonces. Todos querían escuchar lo que él tenía para decir sobre los kurdos y armenios. Y Kayar no tenía pelos en la lengua a la hora de explicar la situación.
Kayar agradeció el aplauso y sonrió. Su tez amarronada desentonó con su blanca dentadura. Hizo un gesto con la cabeza y la multitud comenzó a silenciarse. Luego de unas palabras de cortesía hacia las autoridades de la American University, comenzó la exposición. Más de una hora estuvo hablando sobre la realidad política de Turquía. La gente lo miraba y escuchaba atentamente y, de vez en cuando, se escuchaban murmullos de aprobación. Entonces llegó el momento de las preguntas. Desde la parte delantera del auditorio, Ali levantó la mano y Kayar le dio la palabra.
—Usted da a entender que el Estado turco está detrás de ciertos atentados cometidos en Estambul y Ankara —dijo Ali—. Pero, ¿hay alguna prueba que…?
—Bueno, bueno… —lo interrumpió Kayar—. Primero deberíamos distinguir entre gobierno y Estado. Segundo, yo no digo que el gobierno haya estado detrás de esos atentados. Sería una locura de mi parte hacer semejante afirmación sin pruebas. Lo que denuncio es la falta de voluntad del gobierno para investigar ciertas pistas sobre los atentados. Pistas que no tienen que ver con los separatistas kurdos.
Adam estaba escuchando atentamente la repuesta cuando de repente despegó la espalda del asiento.
—Operación Gladio —dijo y tomó a Julia del brazo sacudiéndola—. Ergenekon… Hrant Dink… —Señaló con la cabeza al hombre que continuaba hablando animadamente.
Julia lo miró con los ojos enrojecidos y la garganta seca. Tardó unos segundos en comprender lo que Adam quería decir.
—¡Mierda! —dijo y mientras se ponía de pie sintió un estruendo.
Adam la tomó del brazo y la tiró al suelo. Todos los presentes ahora gritaban e intentaban cubrirse. Por un instante hubo un silencio del que sobresalieron varios gritos ahogados, y de repente, una nueva ráfaga de ruidos se apoderó del lugar. Un minuto después, nuevamente el silencio, solo roto por algunos sollozos. Entonces Julia se quitó de encima a Adam y se puso de pie. Ante sus ojos, tuvo una escena dantesca, las imágenes parecían llegar a su retina con demasiada rapidez y su cerebro no podía procesarlas. Intentó salir de donde estaba pero había gente tirada por todos lados. Nadie se animaba a levantarse. Solo Julia estaba de pie en el medio del recinto tratando de comprender qué había sucedido. Entonces, sobre el escenario, divisó el cuerpo de Osmar Kayar completamente inerte sobre un charco de sangre. Una silueta, de pie en medio del auditorio, la miró e hizo un ruido que pareció un aullido.

—Fin del capítulo 8—

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El Último Aullido del Lobo (Novela)


Un Premio Nobel de la Paz es asesinado durante una conferencia por un integrante de Los Lobos Grises, organización ultranacionalista turca. El asesino deja un misterioso paquete con un manual de operaciones de la CIA. 

 

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